Recuerda….

lanzamiento de emilio a las primarias 3RECUERDA A QUIENES SIRVES.

            En los días en que un helado costaba mucho menos que ahora, un niño de 10 años entró en un establecimiento y se sentó en una mesa. La mesera puso un vaso de agua enfrente de él.

            -¿Cuánto cuesta un helado de chocolate y maní? – pregunto el niño.

            -Cincuenta centavos- respondió la mujer. El niño sacó la mano del bolsillo y examinó las monedas.

            -¿Cuánto cuesta un helado solo?- volvió a preguntar.

 Algunas personas esperaban mesa y la camarera ya estaba un poco impaciente.

            -Veinticinco centavos- dijo bruscamente. El niño volvió a contar las monedas.

            -Quiero el helado solo- dijo. La mesera le trajo el helado, puso la cuenta en la mesa y se retiró. El niño terminó el helado, pagó en la caja y salió. Cuando la mesera volvió a limpiar la mesa, le costo tragar saliva al ver que allí, ordenadamente junto al plato vacío, había veinticinco centavos: su propina.

            Moraleja: jamás juzgues a alguien antes de saber por qué.

 

 

 

 

¿QUIEN ME NECESITA?

            Recibí una llamada telefónica de un buen amigo, que me alegró mucho. Lo primero que me preguntó fue:

            -¿Cómo estás?

            Sin saber por que, le contesté:

            -Muy solo

            -¿Quieres que hablemos?

            Le respondí que sí y añadió:

            -¿Quieres que valla a tu casa?

            Dije que sí. Colgamos el teléfono y en menos de quince minutos estaba tocando a mi puerta. Yo hable por horas de todo: mi trabajo, mi familia, mi novia, mis deudas; él, atento siempre, me escuchó. En esas se nos hizo de día. Yo estaba agotado mentalmente; me había hecho mucho bien su compañía y sobre todo que me escuchara, me apoyara y me hiciera ver mis errores. Cuando él notó que ya me encontraba mejor, me dijo:

            -Bueno, me voy, tengo que trabajar.

            Sorprendido le dije:

            -¿Por qué no me había dicho que tenias que ir a trabajar? Mira la hora que es, no dormiste nada, te quité toda la noche.

            Él sonrió y me dijo:

            -No hay problema, para eso estamos los amigos.

            Yo me sentía cada vez más feliz y orgulloso de tener un amigo así. Lo acompañé a la puerta de mi casa y cuando caminaba hacia su automóvil, le grité desde lejos:

            -Y a todo esto, ¿por qué llamaste anoche tan tarde?

            Regresó y me dijo en voz baja:

            -Quería darte una noticia

            -¿Qué pasó?- le pregunté

            -Fui al doctor y me dijo que estoy gravemente enfermo.

            Yo me quedé mudo. Él sonrió de nuevo y agregó:

            -Ya hablaremos de eso. Que tengas un buen día.

            Pasó un largo rato hasta que pude asimilar la situación, y me pregunté una y otra vez: ¿Por qué cuando me preguntó como estaba me olvidé de él y sólo hablé de mí? ¿Cómo tuvo la fuerza para sonreírme, darme ánimos y decirme todo lo que me dijo? Esto es increíble.

            Desde entonces mi vida ha cambiado: ahora soy menos dramático con mis problemas y disfruto más de las cosas buenas. Ahora aprovecho más el tiempo con la gente que quiero.

            Moraleja: el que no vive para servir no sirve para vivir. La vida es como una escalera: si uno mira hacia arriba, siempre será el último de la fila, pero si mira hacia abajo ve que hay mucha gente que quisiera estar en su lugar. Deténgase a escuchar y a ayudar a sus amigos: ellos lo necesitan.

 

 

 

 

RETRATO DE UN PERSEVERANTE.

 

            La historia  dice que e ste hombre fracasó en los negocios y cayó en bancarrota en 1831. Fue derrotado para la Legislatura de 1832. Su prometida murió en 1835. Sufrió de un colapso nervioso en 1836. Fue vencido en las elecciones de 1836  y en las parlamentarias de 1843, 1846, 1848 y 1855. No tuvo éxito en su aspiración a la Vicepresidencia en 1856, y en 1858 fue derrotado en las elecciones para el Senado.

            Este hombre obstinado fue Abraham Lincoln, elegido presidente de Estados Unidos en 1860.

            Moraleja. La lección es muy sencilla: sólo se fracasa cuando se deja de intentar.